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      El jabón es probablemente el producto de limpieza más conocido y ha sido un componente fundamental de nuestro cuidado diario durante siglos. Se cree que el efecto limpiador del jabón fue descubierto por primera vez por los romanos. Ya en el Antiguo Testamento se mencionaba el uso de productos similares al jabón hechos de grasas y sales de potasio.

      Nuestros jabones se fabrican mediante el proceso de saponificación en frío. Estos jabones de cosmética natural no tienen nada que ver con los jabones producidos industrialmente, son de una calidad completamente diferente. A las grasas, aceites y ceras de alta calidad se les añade una cantidad exacta de lejía. El objetivo es una saponificación incompleta de las grasas y aceites para lograr un efecto nutritivo (llamado sobreengrasado). Estos aceites y grasas saponificados limpian y cuidan la piel sin resecarla. Gracias al pH alcalino de los jabones naturales, estos hacen que las partículas de la piel se hinchen ligeramente y así fomentan la renovación cutánea.